miércoles, 6 de agosto de 2008

Killing Machine

    Una silueta camina sola por una de las oscuras y antiguas calles del centro de la ciudad. En una noche sin Luna tan solo una mortecina luz, procedente de una farola digna de posar en un museo, apenas da para vislumbrar ligeramente la forma de la calle y no chocarse contra las paredes. Oculto en las sombras él observa la silueta detenidamente. Observa su caminar tranquilo e ignorante del peligro que le acecha.

    Aún recuerda el intenso miedo que tenía de pequeño a éstas calles, y esa sensación fría que le recorría la espalda y aquel sudor en su frente cada vez que se veía obligado a pasar por una de ellas. Siempre imaginó que era una obsesión infantil que pasaría con los años, sin embargo, lo que nunca pudo imaginar es que él acabaría siendo uno de esas razones por las que temer a éstas calles. Ahora observa la silueta y sonríe maliciosamente al pensar que seguramente al personaje de la silueta le pasó lo mismo. -Nunca debiste dejar de tener miedo- piensa.

    La silueta se sigue acercando. Porta un maletín en su mano izquierda mientras parece mirar un reloj en su mano derecha. Un leve destello en su cabeza le desvela que porta gafas. Las señas estaban claras, la hora, el lugar y la descripción encajan; la silueta es su objetivo. Se levanta desde su posición agazapada, saca su 9mm del bolsillo interior de su chaqueta y avanza descubriéndose delante de su objetivo. Él es un hombre de principios y de costumbres, y siempre que la situación lo permite se encara frente a sus victimas; disparar por la espalda o desde las sombras, según él, es una falta de respeto para con el que va a morir.

    Solo cuando cae abatido descubre a quién ha disparado. Como de costumbre, el nunca sabe nada más de lo que debe saber y solo descubre la identidad de sus victimas cuando yacen a sus pies o cuando están en el punto de mira de su pistola. Es noche de viernes y el próximo domingo son las elecciones presidenciales, elecciones cuyos sondeos apuntan a una victoria clara de quien ahora reposa sobre los fríos adoquines de la calle con un agujero en la frente. Y a su lado esta él, una persona humilde y sencilla que con apenas un cuarto de siglo a sus espaldas, la vida le había llevado a convertirse en una de esos fantasmas que, desde las sombras, cambian el curso de la historia.


Próximo capítulo

2 oyentes en el micrófono abierto:

*mikoto* 6 de agosto de 2008, 22:00  

la has publicado!!!!
olee!!

espero que sigas con ella:P

besooos!!

fire 8 de agosto de 2008, 11:42  

esperemos que no existan muchos personajes como este en la realidad...
aunkeme vienen ala mente unos cuantos...
la realidad...lamentablemente siempre supera a la ficcion....

besicos niño..
(te quedo chula la imagen)

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