¡Ay! Dolores
Me pregunto qué es lo que hace a una persona enamorarse de otra, qué es lo que le hace querer compartir su vida con quién difícilmente llega al rango de “conocido”. Puedo entender el encanto de lo físico y lo estético y, por tanto, cierta atracción física e interés hacia el otro, pero no puedo comprender cómo se es capaz de estar dispuesto a darlo todo por alguien de quien a buen seguro conoces casi todas sus virtudes pero pocos o ninguno de sus defectos. Tampoco entiendo ese miedo al cambio, a dejar a la pareja cuando las cosas van tan mal. ¿O es acaso el amor que el impide separarse del otro? Es más ¿puede convivir el amor con el miedo y con las lágrimas? Simplemente no lo entiendo. Otra cosa que no entiendo es como, si se supone que aman a una persona, algunos hombres son capaces de descargar toda su fuerza contra sus parejas.
Tengo aquí delante otro nuevo expediente y sigo sin entenderlo. Dolores, vaya nombre, ni que el destino hubiese querido avisarla de su futuro. Según los vecinos parecían una pareja normal. Se mudaron al barrio tras contraer matrimonio y parecían bastante felices. Ningún vecino ha aportado ningún dato negativo al caso, tan sólo una vecina, una tal Charo que me imagino como la típica cotilla del 3º derecha, ha dicho que empezaron a tener problemas a partir del segundo año. Al parecer él quería un hijo y ella tenía problemas para concebir. Parece que debe tener razón pues aquí en el historial médico aparecen dos abortos por causas naturales. Según esta vecina los gritos fueron tan frecuentes como los llantos, incluso afirma que una vez llamó a la policía alegando que, por lo que escuchaba, temía que él la estuviese pegando. También interrogué a los dos compañeros que acudieron ese día. Dicen que fue ella misma la que abrió la puerta, con la cadena puesta y ocultando su cara en la oscuridad, y les despidió con alguna excusa que les pareció bastante creíble, sobre todo sumada al silencio que salía de la casa. Nunca denunció, nunca habló del tema con sus amigas, nunca dijo nada. Lo ocultó tan bien que solo podía ocurrir lo que ocurrió. El pasado martes un vecino nos llamó diciendo que, tras numerosos gritos, escuchó un golpe seco y fuerte y tras eso tan sólo silencio. Cuando llegamos ya era tarde. El agresor no se molestó ni en cerrar la puerta. El cuerpo de Dolores estaba tirado en la cocina y la sangre emanaba desde la parte trasera de la cabeza, y las diversas contusiones y cicatrices repartidas por varias zonas de su cuerpo demuestran que no fue un hecho puntual.
Oh, vaya... Se me ha hecho muy tarde, mañana seguiré con esto.
-y cerrando la carpeta se levantó y la colocó en la estantería. Luego procedió a apagar el ordenador, no sin antes reparar en un dato que se le había quedado grabado momentos antes-
Con ésta ya son 20 víctimas en lo que llevamos de año, y aún no ha entrado la primavera…
-Cuando llega a la soledad de su piso no puede evitar que las lágrimas, antes reprimidas por su profesión, afloren sin pudor alguno. Sobre la mesa de su escritorio una foto de Dolores, con 15 años, le mira sonriente. Llevaba más de 10 años sin verla, pero es difícil olvidar el primer amor.
Se seca las lágrimas y decide ir directo a la cama. Mañana será un día duro pues su tarea será la búsqueda y captura del asesino: Luís, su mejor amigo de la infancia.-
Reincidentes "¡Ay! Dolores"
Tengo aquí delante otro nuevo expediente y sigo sin entenderlo. Dolores, vaya nombre, ni que el destino hubiese querido avisarla de su futuro. Según los vecinos parecían una pareja normal. Se mudaron al barrio tras contraer matrimonio y parecían bastante felices. Ningún vecino ha aportado ningún dato negativo al caso, tan sólo una vecina, una tal Charo que me imagino como la típica cotilla del 3º derecha, ha dicho que empezaron a tener problemas a partir del segundo año. Al parecer él quería un hijo y ella tenía problemas para concebir. Parece que debe tener razón pues aquí en el historial médico aparecen dos abortos por causas naturales. Según esta vecina los gritos fueron tan frecuentes como los llantos, incluso afirma que una vez llamó a la policía alegando que, por lo que escuchaba, temía que él la estuviese pegando. También interrogué a los dos compañeros que acudieron ese día. Dicen que fue ella misma la que abrió la puerta, con la cadena puesta y ocultando su cara en la oscuridad, y les despidió con alguna excusa que les pareció bastante creíble, sobre todo sumada al silencio que salía de la casa. Nunca denunció, nunca habló del tema con sus amigas, nunca dijo nada. Lo ocultó tan bien que solo podía ocurrir lo que ocurrió. El pasado martes un vecino nos llamó diciendo que, tras numerosos gritos, escuchó un golpe seco y fuerte y tras eso tan sólo silencio. Cuando llegamos ya era tarde. El agresor no se molestó ni en cerrar la puerta. El cuerpo de Dolores estaba tirado en la cocina y la sangre emanaba desde la parte trasera de la cabeza, y las diversas contusiones y cicatrices repartidas por varias zonas de su cuerpo demuestran que no fue un hecho puntual.
Oh, vaya... Se me ha hecho muy tarde, mañana seguiré con esto.
-y cerrando la carpeta se levantó y la colocó en la estantería. Luego procedió a apagar el ordenador, no sin antes reparar en un dato que se le había quedado grabado momentos antes-
Con ésta ya son 20 víctimas en lo que llevamos de año, y aún no ha entrado la primavera…
-Cuando llega a la soledad de su piso no puede evitar que las lágrimas, antes reprimidas por su profesión, afloren sin pudor alguno. Sobre la mesa de su escritorio una foto de Dolores, con 15 años, le mira sonriente. Llevaba más de 10 años sin verla, pero es difícil olvidar el primer amor.
Se seca las lágrimas y decide ir directo a la cama. Mañana será un día duro pues su tarea será la búsqueda y captura del asesino: Luís, su mejor amigo de la infancia.-
Reincidentes "¡Ay! Dolores"