Child In Time
El otro día mantuve un curioso intercambio de opiniones con una gran amiga. Hablábamos sobre la madurez, no la "segunda" edad de la vida sino la madurez mental o psicológica. Y digo "curioso" porque así me parece la conclusión a la que llegamos.
Tradicionalmente yo había entendido este tipo de madurez como, dicho vulgarmente, "eso que tienen los adultos y que no tienen los niños ni los adolescentes". En cierto modo, no se diferencia mucho de la definición que le da la RAE: "Buen juicio o prudencia, sensatez." Aunque estas definiciones me parecen ligeramente ambiguas además de discutibles, especialmente la mía.
A decir verdad, yo siempre había medido la madurez, o mejor dicho la escasez de ella, por el número de gilipolleces, tonterías, payasadas, que realizase la persona en cuestión. Intuitivamente parece lo más lógico ¿no les parece? Sin embargo, durante la citada conversación, saltaron a la palestra casos en los que, anteriormente, no había caído.
Quién no se ha cruzado alguna vez con personas que no hacen gilipolleces, ni tonterías, ni payasadas; personas, y vuelvo a recurrir a un vulgarismo, a las que se suele decir que "ya no tienen edad para esas cosas". Personas, en definitiva, aparentemente maduras. Sin embargo, cuando aparece un tema delicado o serio, algunas de estas personas nos sorprenden actuando de una forma que nos puede dejar algo descolocados, respondiendo de forma egoísta, caprichosa, etc, más acorde con un chaval de 5 años. Análogamente, podemos encontrarnos con el caso contrario. Personas locas, personas alegres, personas que pueden incluso parecer estar sacadas de un circo, pero que sin embargo, en los momentos difíciles muestran una entereza y una sensatez, aparentemente, contrapuesta a su jovialidad.
Así pues me planteé la corrección de mi, antigua, percepción, decantándome ahora hacia pensar que la madurez se demuestra, precisamente, en aquellos momentos en los que lo más fácil es comportarse como un crío.
Y vosotros ¿qué pensáis?









